12 May Redes sociales, manual de uso (II)
Hoy con Tonino Tarquini, Psicólogo Sanitario seguimos hablando de Redes Sociales. Centrando la atención en temas como: la profesión de influencer la base biológica relacionada con los “likes” y algunos consejos para padres y educadores.
¿Es el trabajo de Influencer un trabajo de alto riesgo ?
-Si seguimos así, existe el serio riesgo que, a muy corto plazo haya más influencer , que usuarios que influenciar. El trabajo de influencer como cualquier otro tipo de trabajo no está exento de riesgos. Por un lado la posibilidad de importantes ingresos económicos, notoriedad etc. y por el otro el principal riesgo está relacionado con el bienestar y equilibrio emocional. Trabajar poco y ganar mucho, es muy difícil de conseguir en la realidad. Personalmente he conocido muy pocos que lo hayan conseguido.
Tengo una mala noticia: La mayoría de los influencer sobre todos, los nanos y micros, “pringan” mucho y ganan muy poco. Detrás de los grandes influencer hay un equipo de personas que gestionan su imagen, sus contenido, los acuerdos comerciales etc. El influencer tiene la capacidad de influir en determinados segmentos poblacionales y puede por medio de sus contenidos modificar o condicionar opiniones. Los seguidores por su parte, aprobar, respaldar y sobre todo compartir su estilo de vida.
Los influencer comparten su vida, sus opiniones, sus experiencias, y hacen fuerza sobre el elevado número de seguidores a los que, directa indirectamente presentan o venden productos. Recurrir a influencer es una práctica de marketing largamente aprovechada por empresas que quieren promocionar sus productos.
¿Qué factores son claves o esenciales en el “éxito” de un influencer?
El primero, es la integridad y perfección de la imagen que se ofrece a los consumidores (casi siempre irreal o incierta) y el segundo, está relacionado con el reconocimiento o el respaldo recibido por parte de los seguidores. España, en proporción con el número de habitantes, es uno de los países con más Influencer a nivel mundial, a día de hoy solo en España hay más de 1 millón de influencer solo en Instagram (usuario con más de 1500 seguidores). Los conocidos como micro o nano influencer. Pero si hablamos de influencer profesionales aquellos con más de 100 mil seguidores la cifra asciende a los 9100. Y solo un 9% de ellos se pueden definir macro influencer al tener más de 1 millón de seguidores.
El 68% de los usuarios de redes sociales sigue a influencer de más o menos éxito, y las “marcas” han encontrado en ellos un canal para poder llegar a los usuarios finales. Es evidente que nos enfrentamos a un cambio de paradigma, hasta el momento, cualquier profesión era fruto de formación académica o experiencia profesional adquirida con años de esfuerzo, sacrificio y/o dedicación. Ahora es suficiente un móvil, una cámara y una conexión a internet y el plato está servido, BIENVENIDO A LA ERA DIGITAL ¿Quien controla todo esto, quien gestiona o pone un poco de orden? “NADIE”.
Los influencer o “presuntos”, que he conocido, en su mayoría presentan un exceso de presiones intrínsecas y extrínsecas que es difícil de gestionar desde el punto de vista psicológico. Detrás de unos cuantos influencer con los cuales he tenido la posibilidad y el placer de trabajar en mi consulta, siempre he encontrado el mismo rasgo de personalidad, hecho de inseguridad, baja autoestima, disonancia cognitiva y sobre todo una constante búsqueda de aprobación por los demás.
En líneas generales suele existir una gran discrepancia entre la imagen real y la imagen virtual, y esta es una de las variables principales de riesgo. Todos buscan ofrecer una imagen idílica y transmitir el ideal de una vida feliz y perfecta, y esto es pura utopía.
Esta discrepancia, esta distancia entre lo ideal vendido o promocionado y lo real, ofrece un caldo de cultivo ideal que se asocia a posibles patologías psicológicas. La diferencia entre lo que en realidad somos y lo que queremos vender o promocionar a los demás es un juego que puede presentar una serie de inconvenientes.
Es cierto que los influencer de éxito se han convertido en verdades estrellas mediáticas, que se asocia en líneas generales a estándar de vida por encima de la media. Pero al mismo tiempo los influecer son afectados por la exigencia y presión contante de renovar sus contenidos, he escuchado influencer sentirse viejos y descolgados frente a nuevas formas de generar contenidos. Trabajar en estos entornos tan voluble y cambiante genera estrés. Todo cambia constantemente y lo nuevo de hoy es lo viejo de mañana.
En un reciente estudio llevado a cabo por (remelty) sobre qué quieren ser los niños de mayores, ha evidenciado que en España la profesión que parece más deseada es la de Influencer. Uno de cada tres chicos, entre los 13 años y los 25, quiere o desea ser creador de contenidos en la web. Ser o llegar a ser influencer está muy de moda.
Pero parece que esta sea sobre todo una tendencia relacionada con España y otros países de sur de América como Paraguay, Chile, Argentina etc. En el resto de Europa priman otro tipo de profesiones entre los millenians o generación Z: Los Franceses sueñan con ser Abogados,, mientras los Ingleses anhelan ser Pilotos, los Alemanes quieren ser Profesores, los Portugueses en Bomberos o los griegos en escritores.
-Hablenos de la psicología del “Like”
-La ecuación es clara y evidente: Cuantos más likes más popularidad. A pesar de que la mayoría de las personas afirman que los likes o la aprobación no es lo que están buscando o no es el fin último de su publicación, siento mucho desacreditar este tipo de afirmaciones. Los likes son un incentivo un reforzador, que empuja al usuario a repetir la conducta. El like es un reforzador pasajero, que genera un espiral viciosa e insana, que se asocia a un estado de activación psicofisiológica, con el fin de conseguir la aprobación de los demás. Si a esto le añadimos un posible déficit de autoestima, el pastel está servido.
No todo vale, no se puede arriesgar la propia vida o poner en peligro el bienestar psicológico propio o de otros solo para conseguir un puñado de efímeros likes. Los Likes o los me gusta se han convertido a día de hoy en una “nueva” unidad de medida que se asocia al éxito y a la aprobación a nivel social. Cada día se dan alrededor de 4,5 mil millones de likes solo en Instagram.
-De verdad, podemos relacionar nuestra felicidad, bienestar, o equilibrio emocional, en función de la aprobación que recibimos fruto de nuestras publicaciones?
-Muchos adolescentes condicionan o miden su bienestar emocional en función del número de seguidores o likes que reciben sus publicaciones. Los adolescentes siempre han vivido pendientes del juicio de los demás siempre han vivido bajo los focos de una audiencia imaginaria que se ha transformado hoy en día en una audiencia virtual.
Dar y sobre todo recibir likes a una publicación una foto es un gran reforzador, a nivel cerebral, y activa los sistemas de recompensas a nivel cerebral de los cuales hemos hablado antes. Tanto dar como recibir, refuerza los vínculos entre usuarios y ofrece esta cercanía virtual o sobre todo aprobación.
“¿Os dais cuenta que estamos hablando de reforzadores exógenos, os dais cuenta de la importancia del juicio de los demás?.
Además de los likes, otra potente herramienta en las manos de los usuarios son los comentarios. Es impresionante el poder del que pueden gozar todos los usuarios del mundo al expresar juicios, y la MAYORIA DE LAS VECES SIN TENER NI IDEA SOBRE LO QUE ESTÁN OPINANDO.
Si por un lado se puede apoyar, respaldar o fortalecer algún tipo de conducta o pensamiento, al mismo tiempo se puede HACER MUCHO DAÑO y minar la salud mental, como el bienestar general de quien lo recibe. NO HAY CONTROL. Parece que TODO VALE. Por su naturaleza los seres humanos (la gran mayoría), suelen centrar la atención en lo negativo, y aunque haya recibido un elevado numero de comentarios que respalden su publicación, o foto, siempre centrarán su foco atencional en lo malo o negativo.
-¿Hasta que punto son responsables los padres del uso que hacen sus hijos de las redes sociales ?
-Según datos recientes se calcula que más del 65% de los preadolescentes en España tiene un perfil registrado en las redes sociales, siendo la más popular en esta franja de edad, YouTube, Instagram y por supuesto WhatsApp. A nivel legal unas directrices europeas del 2016, fijan en 16 años la edad mínima del menor para considerar lícito el consentimiento para el tratamiento de sus datos personales. Y en el caso de que fuera menor de 16 años, tal tratamiento únicamente se podría considerar lícito bajo el consentimiento o la autorización del titular de la patria potestad o quien ejerciese la tutela sobre el niño.
Pero en 2018, una directriz Nacional, reduce a 14 años la edad para dar dicho consentimiento, y lo considera también lícito en el caso de los menores de 14 años si cuenta con el consentimiento del titular de la patria potestad o tutela.
Si por un lado los niños o adolescentes adquieren con mucha más facilidad de los padres a manejarse en estos contextos digitales, todavía presentan una incapacidad e inmadurez, en la casi totalidad de los casos, (debida también a su escaso desarrollo cerebral), que les impide conocer el límite entre conductas funcionales, adaptativas y otras menos. No es que lo chicos sean tontos, hay mayores que lo son más, pero es esta etapa del desarrollo cognitivo,todavía se carece de herramientas que: solo el día a día y el aprendizaje fruto de la experiencia y conocimiento puede proporcionar.
Uno de los problemas más frecuentes es que: cerca de la mitad de los padres en nuestro país, no impone ninguna restricción ni ningún control sobre el uso o abuso que los hijos hacen de las redes sociales. No olvidar que los padres en caso de conductas delictivas siguen siendo responsables de dichas conductas si se confirma la presencia de negligencia o culpa hasta los 18 años de edad. Pues, NO SE TRATA DE NEGAR, NI DEJAR ACTUAR DE FORMA LIBRE. El rol de los padres se encuentra justo en la frontera entre la prohibición y el dejar hacer libremente. Los padres son llamados a mantener y proporcionar un rol democrático y educativo. Centrado en la identificación de las múltiples ventajas que la nueva era digital nos ofrece y al mismo tiempo los potenciales peligros.
Los nativos digitales, necesitan de una educación digital, que en parte es responsabilidad de los padres y en parte de las instituciones. Se trata de dialogar, de negociar de encontrar puntos en común, se trata de EDUCAR. Cada estructura familiar es un mundo, cada ámbito académico como social tiene o presenta su especificidad.
A partir de los 14 años, los chicos ya pueden ser gestores virtuales de su propia imagen. Los padres tienen la obligación moral de supervisar los contenidos, garantizar el correcto uso, respetando siempre la intimidad y privacidad del menor. El uso seguro de las nuevas tecnologías, tiene que ser un tema de conversación en el seno de todas las familias.
Informar sobre los posibles riesgos, sobre la importancia de la huella digital, y sobre todo protegiendo y potenciando la autoestima. Dar a entender que valores como el esfuerzo, el sacrificio pueden proporcionar reconocimiento, a más largo plazo, y no suelen ser tan inmediatos como los de un “like”. Enseñarle a retrasar la recompensa o gratificación, es clave en un mundo muy efímero y superficial centrado en lo quiero todo y ahora. Y sobre todo aprender a gestionar la frustración y potenciar el autoconcepto y la confianza en uno mismo. La responsabilidad de proteger la huella digital de nuestros hijos, no es solo una responsabilidad de ellos.
-¿Dónde se encuentra el limite entre uso, abuso y dependencia ?
-Buena pregunta, no existe una línea de demarcación, pero está claro que un exceso de permanencia en este mundo virtual no es bueno. Alrededor de un 30 % de los usuarios de redes sociales se calcula que estarían desarrollado un uso NO ADECUADO, o USO PROBLEMATICO de este tipo de plataformas.
Los mismos creadores de las redes sociales, reconocen que las RRSS han sido diseñadas y desarrolladas sobre la base de principios psicológicos relacionados con la persuasión y el enganche. Las redes sociales están diseñados para enganchar. Detrás de una RRSS hay una formación en marketing digital, neuromarketing, hay conocimientos y aplicación de técnicas de persuasión. Cuyo fin ultimo es: ATRAER, SEDUCIR y ENGANCHAR.
Un estudio realizado por la Chicago Booth School of Business (2012) señalaba que las RRSS tienen una capacidad de adicción mayor incluso que la del tabaco y otras sustancias químicas porque, entre otros motivos, acceder a estas plataformas resulta sencillo y, además, gratuito.
La adicción a las redes sociales es un problema que afecta sobre todo a los millenians y la generación Z, y es reconocida ya como una nueva forma de adicción. Hay estudios que relacinan directamente, las horas de exposición con una baja autoestima, síntomas depresivos y consiguiente aislamiento social, conductas violentas etc.
Se conoce como F.O.M.O., en inglés “Fear-Of-Missing-Out” significa “miedo a perderse algo en las redes sociales o a quedar excluido de un evento”, lo que obliga a los que sufren este síndrome a permanecer conectados a Internet permanentemente. Torres Serrano 2020.
Todos los avances tecnológicos no brindan una gran oportunidad de crecimiento de mejoría, de aprendizaje. Pero tendremos que saber distinguir entre lo físico lo real y lo virtual, entre el mundo online y el offline. Sigue existiendo vida más allá de las RRSS. Detrás de una publicación, de una historias, un reels etc. hay algoritmo programado por una serie de personas con objetivos e intereses económicos ( no siempre del todo ético). Como se remarca en el documental “ El dilema de las redes sociales”, que os aconsejo mirar, el producto que venden las redes sociales son sus propios usuarios.
Aunque estamos convencidos de que somos nosotros que controlamos las redes sociales, son ellas las que nos controlan y dirigen nuestra conducta. Desde el primer momento que nos registramos en una red social, sea cual sea entramos a formar parte de una burbuja, hay cientos de miles de burbujas virtuales unidas seleccionadas por filtros, hijos de algoritmos matemáticos. Toda nuestra información personal, los contenidos que visionamos, o simplemente el tiempo que nos detenemos en una determinada publicación, es almacenada y procesada. En función de estos datos, los algoritmos optimizan los contenidos que son más próximos a nuestros gustos, ideales políticos etc.
Esto genera una burbuja en la cual los contenidos son muy limitados y parecidos a nuestra forma de interpretar y ver las cosas. Todo este proceso nos resta objetividad, nos limita, nos impide ver más allá de nuestra nariz, de ver o escuchar otra forma de interpretar una situación a priori imparcial.
No podemos ni debemos prohibir las RR.SS., lo que tenemos que promocionar es un uso responsable. No se trata ahora de demonizar, se trata simplemente de EDUCAR. El problemas no son las redes sociales es el uso que se hace de ellas.
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