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Tengo un hijo adolescente

Tengo un hijo adolescente

Tonino Tarquini, experto en inteligencia emocional, analiza el difícil reto de educar a un hijo adolescente en La Voz de Tomelloso

En líneas generales, aunque puede haber alguna diferencia entre los sexos, la adolescencia abarca la etapa de la vida que se encuentra entre los 12 y los 18 años.

Entrevista concedida a la lavozdetomelloso.com

¿Qué pasa en el cerebro de aquella niña o niño tan cariñoso, risueño, abierto y natural? De repente, casi por arte de magia o víctima de un hechizo, se transforman de un día para otro en seres alejados, tristes, distantes. Los abrazos, los besos y las risas simples y naturales de la infancia, dan paso, en la mayoría de los casos, a enfrentamientos, diferencias y caras tristes y reflexivas.

Aparecen sentimientos como la vergüenza, el miedo a la exposición o al juicio de los demás. El cerebro tan concreto desarrollado en la etapa anterior del desarrollo, según las teorías del progreso cognitivo de referentes en psicología, empieza a evolucionar y se desarrollan pensamientos abstractos, a veces, difíciles de entender o explicar.

Las figuras más relevantes que hasta el momento habían sido los padres, ya pierden valor y el grupo de amigos e iguales llegar a ser el principal referente. Inicia la tendencia grupal, la necesidad de afiliación o de independencia. El sentirse parte de algo que va más allá de la familia. Esta etapa entre niño y joven adulto supone una serie de cambios y procesos físicos, mentales, hormonales y sociales.

Entre las características generales de esta etapa encontramos:

Cambios en la estructura corporal, aumento de la masa muscular, más evidente en los chicos, cambios en los procesos hormonales, inicio de la etapa reproductiva y consiguientes cambios en la estructura sexual.

A nivel psicológico esta etapa se caracteriza por los cambios constantes de humor, una relación de odio-amor con los padres, hecha de alejamientos y reconciliaciones, debido a los cambios cerebrales y el lento desarrollo de los lóbulos prefrontales. En esta etapa se formulan hipótesis, se sacan conclusiones y se empieza a diseñar una guía de los valores que le acompañarán a lo largo de la vida adulta.

A nivel emocional el control de los impulsos y la maduración de la identidad se evidencian en la última etapa de la adolescencia, mejor conocida como adolescencia tardía.

Los adolescentes “sufren”, consideran y viven como si estuvieran por debajo de un FOCO ATENCIONAL, fruto de una audiencia imaginaria que ellos mismos han generado, de allí surgen este cuidado, a veces excesivo de su imagen corporal. Consecuencia de esta visión sobre si mismo, se sienten a veces seres únicos, con experiencias y vivencias únicas. Los adolescentes debido a esta sensación de “unicidad” se sienten a menudo incomprendidos por las personas que orbitan a sus alrededores.

Uno de los grandes problemas en esta etapa del desarrollo es la convicción o la creencia errónea de ser inmortales o invencibles, y esto a veces puede llevar a graves riesgos, con consecuencias inesperadas.

Los problemas relacionados con el aspecto físico, enfrentamientos y, sobre todo, mala gestión emocional suelen ser más fuertes en los primeros momentos de la adolescencia, dejando espacio en la última etapa, a una visión más amplia y global relacionada sobre todo con problemas sociales. Se pasa de una visión hacia dentro en los primeros años a una visión o expansión hacia fuera y global en los últimos años.

¿Qué hacemos nosotros como padres perdidos en una sociedad en continúa y frenética evolución? Una sociedad como la define Bauman “Líquida”, en la cual es siempre más difícil encontrar patrones o estructuras fijas y preestablecidas de referencia.

Cuantas veces, frente a crisis de alejamiento o enfrentamiento, han surgido las ganas de tirar la toalla, pero la responsabilidad moral y afectiva nos obliga a estar allí firmes, contra viento y marea.

Como experto en Inteligencia Emocional, y viviendo situaciones conflictivas en consulta entre padres desesperados e hijos ansiosos de independencia, siempre aconsejo educar y dialogar desde un punto de vista lo más democrático posible. Ni autoritario ni tampoco libertino.

Los adolescentes quieren ser tratados como adultos y así hay que atenderlos, poniéndolos frente a sus deberes y, cómo no, frente a sus derechos: eso sí, sin olvidar sus necesidades, sobre una base de diálogo objetivo, una comunicación eficaz y una escucha activa.

Tanto padres como hijos tienen que aprender a ser asertivos, y al mismo tiempo empatizar el uno con el otro. Una buena comunicación que favorezca las habilidades sociales puede ser preventiva de posibles conductas de riesgo, así como mejorar o potenciar la calidad y cantidad de vínculos socioafectivos. Varios estudios presentes en la literatura científica remarcan la relación directa entre las habilidades sociales, la inteligencia emocional y el rendimiento escolar.

Las preocupaciones de un padre son reales y evidentes. Los jóvenes, ansiosos, experimentan miedos que tienen que sortear en este momento de su vida, pero que mejor sería hacerlo confiando siempre en un aliado que sepa aflojar en los momentos adecuados y volver a apretar cuando haga falta. Sin castigar, sin limitar, sin frenar…simplemente acompañando y sugiriendo. Sin sentenciar, sin juzgar ni ridiculizar temas que, para un adolescente, son de vital importancia.

Un padre en esta etapa, tiene que saber estar y al mismo tiempo no estar, tiene que escuchar, tiene que ofrecer reparo, tiene que ser un “piso franco”, y un “faro” en las noches tormentosas, pero al mismo tiempo tiene que saber desaparecer en la multitud, y ESTAR SIEMPRE ALLÍ, respetando su intimidad, espacio sagrado y de difícil o imposible acceso. Nunca violar su espacio sin el consentimiento explícito del interesado.

La adolescencia es, sin duda, una etapa muy bonita, tan fascinante y controvertida al mismo tiempo que intensa. Tiene que ser vivida, saboreada con toda su intensidad sin perder de vista u olvidar aquellos valores esenciales de la vida de cualquier persona aprendidos en las etapas anteriores al desarrollo cognitivo.


Consulta con Expertos en Psicología, no esperes a que sea demasiado tarde.


D. Tonino Tarquini
Psicólogo Sanitario

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